HOMILÍA PARA EL DOMINGO IV DEL T. ORD. B

HOMILÍA DEL DOMINGO IV DEL TIEMPO ORDINARIO. B

“Ser profetas de la Verdad en este tiempo de descrédito es una actividad de riesgo”

     En muchas ocasiones, cuando he podido meditar el evangelio, me ha llamado la atención la actitud, estilo y autoridad con que el Señor se  dirige con todos aquellos con los que se encuentra.

     Lo primero que la gente percibe al escuchar el Evangelio, es que Jesús enseña de forma diferente. Jesús enseña con una autoridad que libera, sana y salva. Los escribas de la época enseñaban citando autoridades. Jesús no cita ninguna autoridad, sino que habla a partir de su experiencia de Dios y de la vida. Su palabra tiene raíz en el corazón, en su propio corazón en su propia entrega. No habla de memoria de lo aprendido sino de lo que ha hecho anteriormente vida antes de expresarlo en palabras. Esa forma de predicar y dirigirse a quienes ama hasta someterse a la muerte, sí es capaz de trasformar desde el interior del corazón humano, las realidades que rodean y abarcan al hombre.

     También en muchas ocasiones he pedido, he rogado al Señor que me ayude primero a ser y vivir lo que posteriormente tendré que enseñar y predicar como sacerdote, en concreto que me preste un poco de esa autoridad para poder transmitir a los cristianos que Él ha querido poner en mis manos la Verdad del Evangelio, nunca tibia sino en continua ebullición.

     La autoridad a la que se refieren los evangelios no se refiere a la ejercida como poder y dominio que esclaviza y subordina al que la padece. Al contrario, se referían a una autoridad que liberaba y sanaba a los que se sentían esclavos y enfermos.

     Parece evidente que la Iglesia debe actuar siempre así. Es decir, que la Iglesia que predique misericordia debe ser misericordiosa; la Iglesia que predique justicia debe ser justa; la Iglesia que predique acogida y cercanía debe ser cercana y acogedora; la Iglesia que predique amor a todas las personas, incluidos los enemigos, debe amar a todas las personas, incluidos los enemigos; la Iglesia que predique humildad y servicio, especialmente a los más necesitados, debe ser humilde y servidora de los últimos; la Iglesia que dice ser discípula de Cristo debe vivir al estilo y según el espíritu de Cristo. Y como todos los cristianos somos Iglesia, todos los cristianos debemos actuar así.

Todos los cristianos somos miembros del cuerpo de Cristo, porque estamos unidos a nuestra cabeza, que es Cristo. Pues bien, yo creo que, si todos los cristianos actuáramos según el espíritu de Cristo, es seguro que serían muchas las personas que se preguntarían estupefactos: ¿Qué es esto? Este enseñar con autoridad es nuevo y se enamorarían del estilo cristiano y en definitiva del Señor Jesús.

     En la segunda lectura del apóstol San Pablo se nos presenta el tema del matrimonio y del celibato. Ni el matrimonio es una trampa, ni el celibato es una trampa. Lo importante es dedicar nuestro tiempo y nuestra vida al servicio del Señor, desde la vocación a la que el mismo Señor nos ha llamado. Lo que Pablo dice también nos sirve hoy a nosotros. Consagremos al Señor nuestro cuerpo y nuestra alma, dedicándole todas nuestras energías y todo nuestro amor. Fijémonos en otro aspecto a destacar.

     Puede que, en los tiempos que corremos, echemos en falta un cierto aire de profetismo, de renovación dentro de la misma Iglesia. Pero lo cierto es que, hoy como en tiempos de Jesús, ser profeta es ir contra corriente y se hace cada vez más difícil, al menos para mí, porque en este mundo de falsedad y apariencia, son muy pocos los que aceptan escuchar verdades que comprometen y te exigen un cambio radical en tu vida, una conversión profunda del corazón.*

- No resulta fácil anunciar y defender que la vida se inicia en el primer momento de la concepción dentro del seno de la mujer.

- No resulta fácil defender la vida, incluso cuando la vida ha dejado de servir a los demás. Cuando dejamos de ser productivos somos relegados a las residencias u hogares para enfermos, somos jubilados y apartados como si, el no ser productivo económicamente signifique estorbar en medio de este mundo. Para ello, estorbamos los enfermos, los ancianos, los niños con malformaciones o taras, lo que no son rubios, guapos, altos y fuertes y con los ojos azules como buscaban los nazis… Espero me comprendan…

- No resulta fácil diferenciar los planos de la ética a la carta, de la ética justa y moralmente buena para seguir creyendo en Dios, teniéndonos por buenos cristianos cuando creemos en una religión hecha a nuestra medida.  - No resulta fácil, en definitiva, ser valiente y decir lo que uno piensa sin riesgo de ser tachado de antiguo, carca o insociable, ultraderechista, discriminador o intolerante y sobretodo políticamente incorrecto… - No resulta fácil enfrentarse al mal, cuando hay muchos palmeros que hacen mucho más ruido y tienen más difusión para poder aplaudir e inyectar el veneno del mal ocultándolo bajo el velo de las grandes conquistas científicas de los nuevos tiempos y la modernidad.

- No resulta fácil, ni atrayente para un joven de hoy en día, dedicar una vida a trabajar por el Reino de Dios a sembrar la palabra por doquier sin esperar un gran sueldo al final de mes ni un elogio por la labor que desempeñas.

- No resulta fácil seguir confiando en personas que en apenas minutos y dando la vuelta a los argumentos anteriormente expresados, se dedican a criticar y a difundir con maledicencia proyectos y labores que se realizan con mucho esfuerzo y celo pastoral que no pretenden sino el beneficio de todos los valdepeñeros y valdepeñeras.

- No resulta fácil acostarte todos los días muy cansado de trabajar con la esperanza de acercar cada día más a todos y cada uno de vosotros al Señor, intentando que crezcáis en amistad y unión con Dios. Para conseguir que cada día sean más los que le sigan a Él, el único maestro; y no al sacerdote, que en pocas palabras no es más que un pobre hombre cuyo único poder, cuya única autoridad son los dones que Dios me ha regalado gratuitamente para entregároslos a los demás de la misma forma…

- No resulta fácil dejarte la salud y la vida por amor a Dios y a cada uno de vosotros sin esperar nada a cambio y que cada día amanezcas con una nueva invención sobre ti… * como la de que cobro por la guitarra y el coro rociero.

- No resulta fácil… Pero le sigo pidiendo fuerzas a Dios para no desfallecer ni rendirme y no me cansaré de rogar vuestro apoyo y cercanía para con los proyectos de la parroquia y de nuestra comunidad.

     Dios os necesita, vosotros necesitáis de Dios y por tanto todos necesitamos a los sacerdotes como mediadores entre Dios y los hombres. Somos pocos, cada día menos, mejor amarlos que maltratarlos, ¿verdad?. ¿No creéis valdepeñeros de buen corazón, que podríamos querer y conocer un poco más cómo es nuestra Iglesia por dentro, en lugar de juzgar, destruir y pisotear lo que se acaba de sembrar?. Es posible que cuando un día no muy lejano, no tengamos a un sacerdote en el pueblo nos lamentemos y echemos de menos a aquellos que han hecho y estamos haciendo más de lo que podemos sin esperar nada a cambio.

     Pues eso tenemos, queridos hermanos y con esto hay que seguir trabajando. Yo al menos, prefiero no quedar bien con todos nadando a dos aguas. Dios me siga prestando un poco de su autoridad y ayude a denunciar las mentira para que la Verdad vuelva a reinar en este mundo. Una verdad molesta en demasiadas ocasiones pero también una verdad liberadora que nos llevará a la Vida con Cristo.

     Sigo confiando en Dios que ve desde lo escondido, la realidad de los corazones y no las apariencias, mientras el Señor quiera seguiré sin desfallecer porque no sea yo sino Cristo el que hable a través mía como su profeta. Convenzámonos de que las medallas los halagos y palmaditas en la espalda de los hombres no nos van a llevar al Reino de los Cielos sino la entrega a Dios a través de los hermanos. Que María nos ayude a anunciar con la autoridad de Cristo, la gran Noticia del Evangelio y nos siga dando fuerzas, porque si de las humanas dependiéramos ya nos hubiéramos rendido. Que así sea…

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HOJA PARROQUIAL PARA EL DOMINGO IV DEL T. ORD. B

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RECORDATORIOS PARA LOS PADRES DE LOS NIÑOS RECIÉN BAUTIZADOS

FIESTA DE LA CANDELARIA 2012

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HOMILÍA PARA EL DOMINGO III DEL T. ORD. B

HOMILÍA DEL DOMINGO III DEL T. ORD. B

Siempre es posible convertir el corazón y

girar nuestras vidas hacia Dios

      La palabra “conversión”, en su sentido original, significar girar, cambiar de actitud, volverse hacia otro lado. Casi siempre estamos pendientes de nosotros mismos, lo primero es nuestra vida, nuestro dinero, nuestra familia. Así Dios mismo, nos interesa en tanto y en cuanto pueden contribuir a nuestro bienestar, físico o espiritual. Queremos que todo ocurra de acuerdo con nuestras razones, con nuestros sentimientos, con nuestras creencias y en el momento en que nos interesa.

       Pues bien, convertirse es cambiar de actitud, volvernos hacia Dios, permitir a Dios ser el señor de nuestras vidas, es decir, de nuestras razones, de nuestros sentimientos, de nuestras apetencias; dejar que Dios ejerza de Dios, subordinar nuestra voluntad a la suya. Somos siervos del Señor, el Señor es el que manda en nuestra vida, nuestra tarea es escuchar y obedecer a la palabra, a la voluntad de nuestro Dios y Señor.

      La conversión nunca es un acontecimiento puntual e improvisado, aunque a veces así nos lo parezca. La conversión es un proceso en el que Dios nos ha estado llamando todos los días. Toda la vida es un proceso de conversión.

      Fijémonos en la primera lectura de hoy a Jonás también le costó mucho dejar a Dios actuar como Dios. Jonás no estaba de acuerdo con Yahvé, Dios clemente y misericordioso, lento a la cólera y rico en amor, por eso, quería huir a Tarsis, se negaba a predicar a los habitantes de Nínive, porque sabía que, si se arrepentían, Yahvé los iba a perdonar. Nínive, pensaba Jonás, es una ciudad rebelde y pecadora que merece ser destruida. Pero Dios le metió dentro del vientre de la ballena y Jonás vio allí la luz y comprendió que Yahvé era el verdadero Señor y que él, Jonás, sólo era su siervo. Y, a partir de ese momento Jonás dejó que Dios fuera Dios y él se limitó a cumplir la voluntad de su Señor. Jonás se convirtió a Dios y los ninivitas se convirtieron por las palabras de Jonás y Yahvé se arrepintió y los personó.

      También los primeros discípulos, Andrés y Pedro, Juan y Santiago, se convirtieron al Señor. Estos parece que lo hicieron sin especiales traumas, les fascinó desde el primer momento la voz y la presencia de Jesús de Nazaret. Eran judíos observantes de la Ley de Moisés, pescadores que se ganaban la vida echando el copo en el lago. Jesús les dijo que quería hacerles pescadores de hombres y ellos obedecieron de inmediato y, dejando las redes, le siguieron. No se convirtieron de una vida pecadora a una vida santa, se convirtieron del cumplimiento de la Ley de Moisés al seguimiento de Jesús de Nazaret, del Mesías prometido en las Escrituras.

       En definitiva, la palabra de Dios hoy nos urge a un cambio interior para con Dios, para con los hombres, para con el mundo en que vivimos. También nosotros nos acomodamos, nos establecemos y nos quedamos cómodamente sentados en el marco cristiano en el que funciona nuestra vida. Como si no hubiera nada más, nada nuevo que aprender, nada nuevo que conocer, nada nuevo a lo que aspirar.

       Nos instalamos en una situación cómoda, en la que estamos a gusto porque “cumplimos con Dios, cumplimos con los hombres.” La Buena Noticia que anuncia Jesús lleva consigo dos actitudes que nos sacan de nuestro acomodamiento: convertirse y creer en el Evangelio porque “Se ha cumplido el plazo” y “El Reino de Dios está cerca”. El amor de Dios es la motivación perfecta para la conversión.

        El seguimiento de Jesús es la rampa de lanzamiento de la vida cristiana, lo que debe distinguir a un discípulo suyo. La moral cristiana se basa en el seguimiento de Jesús. El evangelio de hoy es muy directo: Jesús llamó a los discípulos y les dijo: «Venid conmigo» (Mc 1, 17). El Señor también nos dice: cambia de actitud, ven conmigo. No te sientas cómodo donde has llegado porque hay una vida mucho más grande de la que tú conoces y que todavía tienes que descubrir. No importa tu edad, lo importante es que te adentres un poco más en el misterio de Dios.

       Hay que ponerse manos a la obra como dice San Pablo en la segunda lectura. Los discípulos dejaron su barca en la arena y se marcharon con El. ¿Estás dispuesto a seguir a Jesús? Pidamos al Padre la actitud de acogida y entrega de Carlos de Foucauld en esta oración:

      “Padre, Me pongo en tus manos.  Haz de mí lo que quieras.  Sea lo que fuere,  por ello te doy las gracias.  Estoy dispuesto a todo. Lo acepto todo,  con tal de que se cumpla Tu voluntad en mí  y en todas tus criaturas. No deseo nada más, Padre. Te encomiendo mi alma,  te la entrego  con todo el amor de que soy capaz,  porque te amo y necesito darme,  ponerme en tus manos sin medida,  con infinita confianza,  porque tu eres mi Padre”.

      Que así sea…

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CARTEL ANUNCIADOR PARA RESERVAR LAS PALMAS DEL DOMINGO DE RAMOS

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HOJA PARROQUIAL DEL DOMINGO III DEL T. ORD. B

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DOMINGO II DEL T. ORD: CELEBRACIÓN DE LA JORNADA MUNDIAL DE LAS MIGRACIONES

LA JORNADA MUNDIAL DE LAS MIGRACIONES

      La Iglesia Universal celebra este domingo, día 15 de enero, y II del Tiempo Ordinario, la Jornada Mundial de las Migraciones, que, también, se conoce como Jornada del Emigrante y el Refugiado. Este año tiene como lema “Salgamos al encuentro… Abramos las puertas”. No puede obviarse que es una celebración muy importante y enorme actualidad. Entre la crisis económica globalizada y las guerras y conflictos que no cesan, el número de migrantes y refugiados ha crecido exponencialmente en los últimos años.

      España, tras ser un país típico de inmigrantes, le ha tocado recibir a millones de personas que venidas de fuera intentaban encontrar una mejor situación aquí. Por eso nuestro comportamiento solidario debe ser, a nuestro juicio, muy superior al de otros países que no tienen en su ADN la emigración.

     Asimismo, hemos de tener en cuenta que la feroz crisis económica se ceba precisamente en el colectivo de inmigrantes o refugiados que, junto a las dificultades legales, para establecer una posición jurídicamente aceptable, se complica mucho más por las dificultades para encontrar trabajo. Pero, además, esa crisis ha rebajado considerablemente los salarios de los que vienen de fuera. España, con cinco millones de parados, ya parece un destino poco atrayente para los inmigrantes y, sin embargo, asistimos a la trágico espectáculo de flujo diario de embarcaciones, de pateras, por las nunca fáciles aguas del Estrecho de Gibraltar. Tal vez, nuestro mundo difícil siga siendo como un paraíso para aquellos que viene de África.

     No podemos olvidar, asimismo, a nuestros hermanos latinoamericanos, con mucha presencia en España, los cuales, también, están viviendo un tiempo de enorme dificultades. No muy diferentes, ya, a las que sufren un buen número de españoles, pero no por eso hemos de levantar la intensidad de nuestro apoyo moral, religioso y económico. El lema de este año 2012 es muy muy bueno: “Salgamos al encuentro… Abramos las puertas”. Pues eso sigamos prestando nuestra ayuda a quienes más lo necesitan que, en estos momentos, son los inmigrantes y refugiados.

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REFLEXIÓN PARA LA SEMANA II DEL T. ORD. B

LA CUESTA DE ENERO

Por David Llena

Es tradicional esta expresión para señalar la dificultad que pasan muchos hogares españoles cuando, tras la Navidad con sus excesos y ciertos despilfarros, descubren que la subida de precios que se suele producir a principio de año de las materias básicas, les impide llegar con la economía saneada a fin de mes. Este año tras la crisis pasada y lo que aún queda por pasar, la cuesta de enero se presenta aún más escarpada. Asusta pensar que aún queda en este año que apretarse un agujero más el cinturón, que sortear los contratiempos con mayor imaginación si cabe e ir tapando los agujeros destapando otros que pueden esperar a tiempos mejores.

Pero la cuesta a la que me refiero, es una más sutil y que, a aquellos que han vivido con fervor estas fiestas de la Natividad de Dios, se resultará más dura que la anterior. Si tú fuiste de aquellos que vivió en primera persona junto al pesebre estos días. Que desde el portal de Belén meditaste junto a María todos aquellos acontecimientos, si escuchaste a los pastores el relato del anuncio celestial. Si viviste, la llegada de la estrella y la fascinante historia de los magos, si te postraste ante aquel niño reconociendo en él al mismo Dios. Si comenzaste el año junto a María y celebraste el día de la Familia junto a los tuyos. Si lloraste por los pobres inocentes y sufriste porque Dios nació en un pesebre, si dotaste de tal intensidad estos días se te va hacer muy duro volver a la rutina diaria.

Así debió ser la vuelta a la vida cotidiana de los pastores, o de los magos. Ciertamente que irían con otra alegría, otra razón de vivir, pero volver a toparse con el polvo que mancha nuestros pies después de haber gozado con la contemplación del mismo Dios, es difícil de asimilar.

Sin embargo, esa nueva vida aunque siendo la misma es vista con otro cristal. Aquellos momentos de intimidad con el Señor, aquellos ratos de meditación junto al pesebre, con María nuestra Madre y el Patriarca San José, deben quedar como un pozo donde saciar la sed de ese caminar diario entre encontronazos y desvelos. La realidad de estos momentos que nos acosa no dejará de ser tan dura como siempre, el camino de vuelta de los Magos fue tan duro como el de ida, pero el haber contemplado la Gloria de Dios da un plus para ese caminar.

A todos os deseamos un feliz año nuevo y que la Providencia de Dios vaya guiando vuestro caminar y vuestro actuar

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ORACIÓN PARA LA SEMANA II DEL T. ORD. A

IRÉ CONTIGO, SEÑOR

Por Javier Leoz

IRÉ CONTIGO, SEÑOR. Para que sabiendo y viendo dónde vives y cómo vives,  vivir para Ti, contigo y para los demás. Porque, mis días, no siempre están colmados de vida ni, mis labios, desgranan palabras de verdad. Porque, mis caminos, no siempre son los tuyos ni, mis verdades, son la Verdad de tu Reino. IRÉ CONTIGO, SEÑOR. Para servirte anunciando tu Evangelio y, pregonándolo de balde, saber que es lo más grande que me puede ocurrir lo más grandioso que, en tu nombre, yo puedo hacer.

IRÉ CONTIGO, SEÑOR. Y, donde tú vayas, contigo y por Ti lo haré: Si hay sufrimiento, seré mano tendida. Si brota el llanto, desdoblaré el pañuelo de mi consuelo. Si no amanece, irradiaré la luz de tu presencia. IRÉ CONTIGO, SEÑOR. Porque, ir agarrado de tu mano, es sentir que el cielo me aguarda. Es creer en un mañana mejor. Es añorar esa Ciudad sin lágrimas ni dolor. IRÉ CONTIGO, SEÑOR. Y, cuando vea dónde y cómo vives, sabré que el AMOR lo puede todo entenderé que el AMOR lo vale todo comprenderé que el AMOR lo inunda todo. IRÉ CONTIGO, SEÑOR. Porque, vivir dónde tu vives es tal vez, y con mucho, el mejor lugar donde ser feliz y permanecer para siempre. Amén.

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HOMILÍA PARA EL DOMINGO II DEL T. ORD. B

HOMILÍA DEL DOMINGO II DEL TIEMPO ORDINARIO

LA VOZ DE DIOS NOS SIGUE LLAMANDO PERO SE TROPIEZA CON LOS ESTRUENDOS ENSORDECEDORES DE ESTE MUNDO.

¿QUÉ OBSTÁCULOS TIENES TÚ PARA ESCUCHAR LA VOZ DE DIOS Y SEGUIRLE?…

Aunque algunas veces este mundo se empeñe en silenciar la voz de Dios, como se intenta con aquellos anuncios que se pasean en los autobuses urbanos… Pero la realidad es que ésta, sigue estando más que presente en el interior de cada uno de nosotros los que de verdad intentamos sintonizar con la “emisora celestial”. La vocación en la Biblia consiste en una llamada por parte de Dios que debe ir acompañada de una respuesta generosa. El relato de la vocación de Samuel, uno de los más conocidos de toda la Biblia, sirve para entender cómo llama Dios, cómo sigue llamando hoy. Dios llama por el nombre y se sirve de mediadores. La llamada de Dios no es una llamada abstracta, sino que interpela, nos llama por el nombre. Se hace notar y sentir.

Repasemos un poco la escena del evangelio de hoy: “Jesús nos invita a compartir su experiencia: quiere que “estemos con El”, para que nos demos cuenta que merece la pena seguirle”

Hoy, el Evangelio nos recuerda las circunstancias de la vocación de los primeros discípulos de Jesús. Para prepararse ante la venida del Mesías, Juan y su compañero Andrés habían escuchado y seguido durante un tiempo al Bautista. Un buen día, éste señala a Jesús con el dedo, llamándolo Cordero de Dios. Inmediatamente, Juan y Andrés lo entienden: ¡el Mesías esperado es Él! Y, dejando al Bautista, empiezan a seguir a Jesús. Jesús oye los pasos tras Él. Se gira y fija la mirada en los que le seguían. Las miradas se cruzan entre Jesús y aquellos hombres sencillos. Éstos quedan prendados. Esta mirada remueve sus corazones y sienten el deseo de estar con Él: «¿Dónde vives?» le preguntan. «Venid y lo veréis», les responde Jesús. Los invita a ir con Él y a mirar, contemplar. Van, y lo contemplan escuchándolo. Y conviven con Él aquel atardecer, aquella noche. Es la hora de la intimidad y de las confidencias. La hora del amor compartido. Se quedan con Él hasta el día siguiente, cuando el sol se alza por encima del mundo. Lo esencial en la vida cristiana es dejarse mirar por Jesús, ir y ver dónde se aloja, estar con Él y compartir. Y, después, anunciarlo. Es el camino y el proceso que han seguido los discípulos y los santos. Es nuestro camino.

La disponibilidad del llamado: “Habla, Señor, que tu siervo escucha”. Sin “pros”, sin condiciones previas. Es la condición para que Dios hable. Se necesita aprender a escuchar… El secreto está en escuchar. La dificultad es la sordera. Cuando se está dispuesto a escuchar, se está dispuesto a responder.

El Señor pasa, pero no pasa de largo. Ese pasar suyo es en realidad un salir a nuestro encuentro, porque no somos nosotros los que buscamos al Señor, sino que es Él el que nos busca a nosotros. También hoy el Señor nos sigue buscando uno a uno… Dice el evangelio que Jesús puso un nuevo nombre a Pedro. Sería el nombre por el que el Señor le iba a conocer. También nosotros tenemos ante el Señor nuestro propio nombre, no somos números, no somos un DNI cualquiera, no somos una placa de identificación militar. Para Él cada uno tenemos nuestro nombre, y nos llama a cada uno de nosotros por ese nombre propio y exclusivo cuando nos llama a nuestra vocación cristiana.

Hoy también llama por nuestro nombre a muchos, a más de los que están dispuestos a escuchar y responder. De esta forma nos invita a cada uno de nosotros a seguirle como cristianos. Porque ser cristiano es una llamada personal, no es apuntarse a algo. No es pertenecer a un partido cuyos ideales nos cuadran. No es tener carnét de un club de fútbol. Cuando nuestro cristianismo se reduce a eso, la pregunta de Jesús: “¿Qué buscáis….” no tiene más que una respuesta: cumplir rutinariamente unas normas que nos enseñaron de niños, tranquilizar nuestra conciencia. Es entonces cuando nuestro cristianismo se descafeína, se atrofia, y en lugar de contagiar alegría a nuestro alrededor, aburre y deja de evangelizar desde el testimonio…

No se es cristiano por nuestros conocimientos, no es un título sacado en unas clases de teología, o por correspondencia. Ser cristiano es algo distinto. Para San Pablo ser cristiano es haber sido aprehendido por el Señor, de forma que ya no vive Pablo, sino Cristo en Pablo. Ser cristiano no es seguir y admitir una doctrina. Es seguir a una persona… “Ven y sígueme”. Y mientras nuestro cristianismo no sea caminar hombro con hombro con el Señor, tendrá más de magia y de superstición que de religión, y existirá siempre una dicotomía entre lo que creemos y lo que hacemos con nuestra vida cristiana.

Que cada uno de nosotros desde la verdad de lo más profundo de nuestro corazón digamos al Señor: “Habla, Señor, que tu siervo escucha”, sin condiciones previas. Solo así podremos escuchar por parte del que más nos ama: “¡Venid y lo veréis!” y nos dispondremos a seguirle con toda la confianza.

Que así sea… 

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