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HOMILÍA PARA EL DOMINGO DE PENTECOSTÉS

HOMILÍA DEL DOMINGO DE PENTECOSTÉS

      Jesús se ha marchado ha ascendido al cielo. Y en su lugar, envía al abogado, al Paráclito, al Espíritu. Este Espíritu de Dios va a cambiar profundamente a los Apóstoles y va poner en marcha –a gran velocidad– a la naciente Iglesia. Es por ello que hoy celebremos también el día del laicado y el día en que recordamos el origen de la Iglesia, esta Iglesia a veces tan denostada y criticada cuando nos olvidándonos de que es en Cristo y su mandato en quien tiene su origen y que se convierte en Madre para aquellos que a su amparo desean acogerse.

     Celebramos la fiesta del Espíritu Santo. Fijémonos por un momento en el origen judío de esta fiesta:

     Al finalizar las cosechas, cincuenta días después de la Pascua, los judíos celebraban Pentecostés, una fiesta de acción de gracias. Cuando los sacerdotes ofrecían en el templo panes preparados con la harina nueva, en medio del regocijo popular.

     El evangelio nos cuenta: “De repente un ruido del cielo como un viento recio resonó en toda la casa. Y vieron aparecer unas como llamaradas, que se posaban encima de cada uno. Y se llenaron todos de Espíritu Santo”. 

     Todos se pusieron manos a la obra para dar testimonio de Cristo y desde la unidad en un solo cuerpo dieron cumplimiento al deseo de Señor de “Id y predicad el Evangelio” es decir construir la Iglesia que hoy tenemos nosotros en nuestras manos para que como Madre y Maestra nos pueda conducir hacia Dios y para que entre todos podamos transformarla y perfeccionarla desde la entrega y la autenticidad de cada uno de los que somos sus miembros. Para que esta Iglesia siga presente en medio de este mundo habrá que recordar el antitipo de Pentecostés que no es otro sino la construcción de la Torre de babel.

      En la Torre de Babel había separación, confusión y pecado. En Pentecostés, en cambio, hay unión, comunicación y gracia. El Espíritu nos ayuda a vivir la riqueza de la comunión, cada uno con sus carismas y servicios, todo ello orientado a la construcción del Reino de Dios. Los discípulos tienen fe, están juntos, pero tienen miedo a salir fuera por temor a los judíos. Necesitan alguien que les impulse a salir fuera. El Espíritu les sacudió como un vendaval para lanzarles a la misión.

       El texto de los Hechos de los Apóstoles dice que “estaban todos reunidos en el mismo lugar”. El texto, por tanto, dice “todos”. Sus dones son para todos los cristianos. Todos hemos sido bautizados en el mismo Espíritu, como nos recuerda hoy la Primera Carta a los Corintios. Todos los bautizados somos hijos de Dios e iguales en dignidad y todos recibimos sus dones o carismas. ¿Somos conscientes de que esta Iglesia nos necesita a todos, pero sobre todo unidos?

      En Pentecostés los discípulos salen a la calle y la Buena Noticia comienza a difundirse por todo el mundo, con un entusiasmo que nadie puede parar. El Espíritu en el corazón de cada creyente y en el corazón de la humanidad es más fuerte que toda debilidad y que todo el miedo del mundo. Es más fiel que todas las infidelidades, más cierto que todas nuestras dudas.

      Cuando un barco avanza por alta mar, suena la sirena. Todos, especialmente los que se encuentran en proa o en popa perciben su sonido. Conocen, perfectamente, si anuncia peligro o llegada a puerto, marejada o buen tiempo. Pero ¿qué ocurre con aquellos otros que –distraídos en sus camarotes o sumidos en mil ruidos prescinden de aquello que ocurre más arriba de sus cabezas? Simplemente que no se enteran. No se dan cuenta si hace buen o mal tiempo, de si existe riesgo o no. Se han encerrado en su mundo…y cualquier potente alarma les es indiferente, es insuficiente. Para ellos, no existe. La voz del Espíritu es ese gran regalo que Dios nos ofrece y la gran sirena que nos pone en sobre aviso de nuestra comodidad para que nuestro cristianismo no se adormezca, no se enrancie no se anquilose como las articulaciones castigadas por el uso y la edad.  Vivir un auténtico Pentecostés debería suponer hoy un revulsivo que nos haga volver a coger las riendas de nuestra vida cristiana y ponernos a servir y comunicar la Buena Noticia con el entusiasmo de los primeros discípulos.

      Los brazos cruzados no son el mejor ejemplo ni la mejor manera de colaborar con el Señor. Guiados por el Espíritu Santo dejaremos a un lado miedos y dudas y nos lanzaremos sin reservas a cultivar nuestro tiempo. ¿Nuestro tiempo? Sí; por supuesto. Es nuestra hora. El momento de dar razón de nuestra esperanza, de nuestra fe y de nuestra alegría. ¿Cómo? Con nuestra entrega persuasiva, entusiasta y permanentemente iluminada por la fuerza del Espíritu.

       Que nuestra Madre pionera en cuanto a la perfecta vivencia con el Espíritu Santo se convierta en maestra de vida cristiana y en el estímulo y la energía que nos anime a desprendernos del hombre viejo y demos paso a la generación de los Hombres y Mujeres renovados por el Espíritu.

       Que así sea…

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UN ARTÍCULO DE OPINIÓN SOBRE LA NECESIDAD DE QUE LA IGLESIA CATÓLICA PAGUE O NO EL IBI

Acabo de leer en facebook algo y después voy a expresar mi opinión:

SOBRE LA NECESIDAD DE QUE LA IGLESIA CATÓLICA PAGUE EL IBI COMO SOLUCIÓN A LA CRISIS. JAJAJAJA

“REFLEXIONES DE UN CURA DE PUEBLO”

     En estos días se han levantado voces que solicitan que la iglesia deje de estar exenta del pago del IBI, el impuesto de bienes inmuebles, porque es un privilegio y porque en estos tiempos de crisis los ayuntamientos no se pueden permitir el renunciar a lo recaudado por ese concepto.

     Quiero con esta entrada aclarar algunas cosas sobre ese supuesto privilegio de la Iglesia católica, haciendo dos consideraciones:

PRIMERA CONSIDERACIÓN

     La exención del IBI (impuesto sobre bienes inmuebles) no es en absoluto un privilegio especial de la iglesia católica. Por ley, están exentos de IBI:

· Servicios públicos (Defensa, Seguridad, Educación y Servicios penitenciarios).

· Los inmuebles destinados a usos religiosos por aplicación de Convenios con la Santa Sede, con la Federación de Entidades Religiosas Evangélicas, con la Federación de Comunidades Israelitas y con la Comisión Islámica.

· Pertenecientes a gobiernos extranjeros o que les sea de aplicación la exención por convenios internacionales.

· Los pertenecientes a Cruz Roja.

· Los terrenos ocupados por las líneas de ferrocarriles y los edificios enclavados en los mismos terrenos.

· Colegios concertados.

· Pertenecientes al patrimonio histórico-artístico.

· Entidades sin fines lucrativos

     Y no digamos las ventajas fiscales de que gozan partidos políticos y sindicatos:

     No tienen que declarar lo ingresado por cuotas, las subvenciones, las donaciones, los rendimientos de sus actividades económicas, los rendimientos procedentes de las rentas de su patrimonio

Pues ya ven: Nadie pide que partidos políticos y sindicatos renuncien a sus enormes ventajas fiscales. Nadie que paguen el IBI las mezquitas o templos budistas. Nadie clama por el pago del IBI de embajadas o colegios, o grandes palacios. Ni exigen que lo pague el ejército o las comisarías, las estaciones de RENFE o las cárceles.

SEGUNDA CONSIDERACIÓN

     Leo que se pide el pago del IBI por parte de la Iglesia porque en un momento de crisis los ayuntamientos necesitan ese dinero. Pues se me ocurren varias cosas. Pero sólo me voy a detener en una de ellas. Esta crisis está generando evidentemente una gran pobreza. ¿Qué están haciendo por los pobres las embajadas, los propietarios de los grandes palacios, las mezquitas…?. ¿Qué están haciendo por ellos los ayuntamientos?. ¿Por qué a Caritas llegan cada día personas enviadas por sus ayuntamientos para que les echemos una mano, ya que ellos andan justos de presupuesto?

    No los envían a los sindicatos ni a los partidos, a las mezquitas o sinagogas, embajadas o legaciones diplomáticas. No, son enviados a las parroquias

En esta parroquia de un servidor llevamos atendidas más de 250 personas sin trabajo, de las que ya han conseguido empleo más de ochenta. Ayudamos con alimentos a treinta familias a las que se llena el carro de la compra dos veces al mes. Y no es nada. Compañeros tengo que atienden a ciento cincuenta familias. Pues ya ven la solución. Que el IBI lo pague la Iglesia para ayudar a salir de la crisis. Justo a la institución que más está haciendo por sacar adelante a esa gente, justo a ésa, que le suban los impuestos.

     Y los partidos y sindicatos, tan solidarios ellos, ¿no van a renunciar a alguno de sus privilegios? ¿Nadie va a pedir que paguen el IBI las embajadas de USA, Rusia, Cuba o China?. ¿Nadie exigirá impuestos a las mezquitas? ¿Y a Renfe? ¿Y a la duquesa de Alba?. Pues no, que pague la Iglesia. Y mientras, los ayuntamientos enviándonos pobres porque ellos no tienen presupuesto. Ayer nos llegaron otras dos familias derivadas desde la junta municipal.

     Resulta divertido: Iglesia, que paguen ustedes el IBI, que hay que salir de la crisis, y de paso que me atiendan a estas familias, que me he quedado sin presupuesto”. Digno de risa.

YO AÑADO, MOLESTE A QUIEN MOLESTE:

      ¿Qué sería de este país de pandereta, que aplaude y vitorea hoy como  aplasta y abuchea mañana, sin la Iglesia Católica, sin Cáritas y sin las ayudas que los cristianos católicos prestan desinteresadamente para que al menos algunos no se vean abocados a la desnutrición?…

      … Si todos los que gracias a la Iglesia, aún comemos, aún tenemos suministro de luz en casa, aún no hemos tenido que delinquir para obtener lo que por ley y por dignidad nos corresponde a todo ser humano y aún siguimos manteniendo un ápice de esperanza en que todo pasará y mejorará, un día se encontraran cerradas las únicas puertas que aún quedan abiertas, que son las de las Caritas parroquiales o las de las Iglesias de cada pueblo o ciudad. ¿Qué pasaría?.

     ¿Se abrirían las de las mezquitas, las de las Iglesias Evangélicas, las de los asistentes sociales que no saben más que enviarnos al cura de tu Iglesia para que: “os ayude el cura?.  No creo que no. Estoy seguro de que se abrirían las puertas de los poderosos banqueros que nos han llevado a la ruina mientras a ellos no se les ha movido ni una sola de sus baldosas… esas que tienen compradas en otros paraísos fiscales y donde guardan lo que nos han robado. ¿Dónde tienen guardado el dinero que el anterior presidente dio a los bancos para aliviar la asfixia económica de los ciudadanos?. ¿Han recibido alguno de ustedes algo?. Si es así, díganme donde para que vaya yo a poner la mano. Una  mano demasiado vacía y demasiado cansada de luchar, para que otros se nutran como líquenes devoradores de la poca corteza que nos queda…

      Me decantaría más por la posibilidad de que mi amigo Cándido y su mellizo, desde el camarote de lujo del crucero, llamarían a todos sus afiliados, especialmente al ingente número de liberados sindicales para que se echasen a la calle a recoger transeúntes, a repartir mantas a los que tienen frío, a vestir a los que necesitan una muda para poderse vestir, a repartir gratuitamente alimentos para saciar el hambre y las necesidades de tantos que no tenemos trabajo ni visos de encontrarlo.

      De lo que estaría aún más seguro es que descendería de manera radical el número de liberados sindicales si se les encomendasen esas labores tan arduas, durante las horas que deberían trabajar y se las pasan de paseo, charlas y comilonas pagadas por los impuestos de todos. ¿Dónde hay que apuntarse o a quién hay que “succionar” para ser liberado sindical y vivir tan ricamente? Es entonces cuando a la Iglesia habría que cobrarle el IBI, el IVA, y el ALI- BABÁ, porque ya no tendría necesidad de ayudar a nadie con manos y corazones, no de liberados sino de desinteresados amantes de Dios y los hermanos. No más privilegios para la Iglesia Católica, si es que este impuesto es un privilegio… pero preparémonos para la debacle. 

      Yo soy padre, si a mí, que llevo tres años en paro junto a todos los miembros de mi familia, me cierran la puerta de la Iglesia y de Cáritas que se preparen los demás.

-       Cuando mis hijos tengan hambre me iré al supermercado y me llevaré “lo que es mío”. (Lógicamente no pasaré por caja)

-       Cuando mi bebe necesite papilla, pañales, leche en polvo, o alguno de mis hijos medicinas, que se prepare el señor/a de la farmacia para darme gratis “lo que es mío”.

-       Cuando necesite una ropita para mi hijo/a para vestirlo dignamente que me abran la puerta de los grandes almacenes para escoger la que mejor le venga y más me guste… porque en realidad lo que hay me pertenece.

-       Cuando no pueda pagar la hipoteca o el alquiler del único techo que me cobija, que me abran la puerta los poderosos y enchaquetados banqueros, porque “eso” que ellos manejan a su antojo, sí  que es realmente mío.

-       Cuando mis grandes necesidades no se vean al menos consoladas con lo que recibo periódicamente de la parroquia a la que acudo, no por fe sino por necesidad… que me vengan y me detengan, pero que me lleven con toda mi familia a la cárcel.

      Allí tendremos alimento, cama, internet, gimnasio, educación gratuita. Los derechos y las libertades que en la calle no puedo disfrutar. Allí, mi familia y yo gozaremos de un hogar con las mismas rejas que el que ahora tengo, pero de un material con mayor calidad y cuando al final se cumpla la condena de mis derechos, cobraré una prestación que evitará, al menos durante un tiempo, que tenga que acudir a un lugar donde solían atenderme  con una sonrisa desinteresada, me escuchaban, me comprendían y me ayudaban, como ahora lo hacen. Si es que para cuando salga del presidio, no han sido cerrados los templos y las sedes de Caritas por falta de fondos para pagar los impuestos, perdón, “privilegios”.

      Yo estoy convencido de que un padre o una madre que no pudiese dar de comer a sus hijos, vestirlos y darles un medicamento o cualquiera de las necesidades básicas, se echaría al menos a la calle. Y la suma de muchos padres y madres como yo, seríamos una auténtica masa enrarecida e iracunda contra el desfase entre unos y otros, que provocará la revolución de los hambrientos, de los que exigimos derechos frente a puertas bien cerradas de los que realmente deberían darnos unas respuestas, pero sobre todo soluciones reales ya, ahora y para siempre.

      De lo contrario señores, dejando a un lado ideales políticos o financieros mi consejo es: “sálvese el que pueda”. Coge lo que te falte porque a nadie robas lo que no es tuyo. Hay para todos y hay de sobra. ¿Por qué muy pocos vomitan lo que no pueden asimilar, mientras otros esperamos que repartan la mínima parte que sobra entre una multitud?. Si la Iglesia tiene que pagar el IBI que lo pague, pero si me cierran la única puerta que me queda abierta, ya procuraré yo abrir otras aunque no sea de la forma más correcta y civilizada.

         Firmado por uno que está hasta más allá de lo innombrable, de que traten de echar balones fuera. De que lancen cortinas de humo para mantener las incultas bocazas, ocupadas con temas de conversación que para nada son la solución a esta crisis. Pero sobre todo, firmado por uno que le quema la sangre pensar en los que creen arreglarlo todo arruinando a los únicos que aún no nos han dado un portazo en la cara. Busquen soluciones, pero miren para otros lados y para otros estamentos, por qué será que no se acuerdan de la Iglesia nada más que para machacarla. Al final conseguirán que hasta crea en ella. “Algo tendrá el agua cuando tanto la maldicen…”.

         No es así el refrán, pero me venía mejor para culminar mi artículo de opinión y por si se os olvidaba… “También es mío”. ¿O es que acaso tampoco me van a dejar ustedes ese derecho?.

Lázaro S.

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HOJA PARROQUIAL PARA EL DOMINGO DE PENTECOSTÉS. B

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LAS PRIMERAS COMUNIONES DE VALDEPEÑAS 2012 EN IMÁGENES

IMÁGENES CEDIDAS POR GENTILEZA DE JUAN ALMAGRO

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CARTEL ANUNCIADOR DE LA SOLEMNE NOVENA EN HONOR DEL SAGRADO CORAZÓN 2012

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HOMILÍA DEL DOMINGO VII DE PASCUA. SOLENMIDAD DE LA ASCENSIÓN DEL SEÑOR. B

HOMILÍA DEL DOMINGO VII DE PASCUA.B. SOLEMNIDAD DE LA ASCENSIÓN

DIVIDE Y VENCERÁS…

Por desgracia, es demasiado común y la principal misión de los que quieren destruir, al precio que sea, la religión católica separar de manera radical a Cristo de su Iglesia. Son muchos los que hoy en día enarbolan una fe en Cristo Jesús, en su mensaje, obviando lo que nos le interesa y en su persona, limitándola a un gran político libertador. Olvidan que al menos desde un punto de vista estrictamente humano,  habrá que atender también a los frutos que en este mundo dejan cada uno de los que aquí habitan.

                       Es por ello, que en este día de los tres que brillan más que el sol, Solemnidad de la Asunción, sea la mejor oportunidad para acallar esas voces maliciosas que se presentan como ejemplos de cristianos supermodernos porque se olvidan de que la Iglesia, esta Iglesia  que lucha, que se entrega, que manifiesta verdades molestas para los que prefieren vivir de espaldas a Dios y profundamente insertos en un libertinaje esclavizante, es el fruto por excelencia de la entrega de Cristo.

                        Es el clásico divide y vencerás.

                       La lección es clara para este solemne domingo, Cristo asciende entre aclamaciones para sentarse a la diestra del Padre. El tiempo y misión de Cristo ha sido concluida, nos va a enviar al Espíritu Santo para que nos empuje a la misión que él comenzó y que ahora tiene su testigo en nosotros.

                               Ahora nos toca a nosotros, ahora es el tiempo de su Iglesia, es por ello que dos ángeles hoy no digan en el Evangelio: ¿Pasmarotes qué hacéis ahí plantados?

                                 Ahora llega el tiempo de evangelizar, de ser testigos del Cristo muerto y resucitado. Dios ha querido dejarnos a nosotros ahora todo el protagonismo. La Iglesia de Cristo debe ser el cuerpo de Cristo; todos nosotros, los cristianos, debemos ser la boca, los pies, las manos del cuerpo de Cristo. Ante las dificultades, ante los problemas, ante los retos continuos que nos plantea continuamente la sociedad y el mundo en el que vivimos, ya no nos vale quedarnos plantados mirando al cielo, esperando que Dios baje otra vez a curar nuestras enfermedades y a dar el pan a los hambrientos.

                                  Somos nosotros, con la ayuda y la fuerza del Espíritu de Cristo, los que tenemos que resolver los problemas de cada día. Dios quiere que nos comportemos como personas autónomas, libres, responsables de nuestros actos y de nuestra vida. Dios no nos ha abandonado a nuestra propia suerte; Él está con nosotros apoyándonos desde dentro, con su espíritu. Pero quiere que seamos nosotros, con su fuerza, los que sigamos intentando construir su Reino en este mundo.

                          Para ello, además de su Espíritu nos deja a la Iglesia como Madre y Maestra a quien otorga tras su Ascensión todo el poder espiritual necesario para realizar su misión.

                          Descubramos pues que la Iglesia es la obra por excelencia de Cristo y parte integrante de su Credo, por tanto no podemos obviarla y denostarla de la forma en que a diario los cristianos lo permitimos,  sin caer en la cuenta o no queriendo caer en que el mal quiere asfixiar los brotes de la gracia de Cristo, para que de esa manera Dios Amor, desaparezca  de nuestro orbe.

                               Todos los cristianos tenemos la obligación de sostener, espiritual y materialmente, el cuerpo de la Iglesia. Corrigiendo en cada momento lo que creamos que se debe corregir y defendiendo lo que creamos que se debe defender. Actuando siempre con amor, con sinceridad, con humildad y con firmeza.

                             El cristianismo no es sólo una profesión de fe, o una teoría, o una devoción piadosa, o el cumplimiento de unas normas. Ser cristiano es actuar, en cada caso, con el mismo espíritu con el que Cristo actuó. Tendremos que curar enfermos, defender a marginados, convertir a los pecadores, criticar a los corruptos, ponernos siempre de parte del más necesitado, defendernos de los feroces ataques y denunciar las persecuciones que sufrimos los cristianos. La vida cristiana es contemplación y acción; es lucha, es trabajo, es un esfuerzo continuado para hacer más cristiano y más humano el mundo en el que nos ha tocado vivir.

                                      Los signos que deben acompañar a los cristianos en este siglo XXI son, aunque con nombres distintos, los mismos que acompañaron a los cristianos de los primeros siglos del cristianismo. El mandamiento de Cristo sigue siendo hoy el mismo de ayer y de siempre: amar a Dios y demostrar ese amor amando incondicionalmente al prójimo no sólo con palabras, sino con hechos. Sería egoísta guardarse para sí los dones que uno ha recibido, sabiendo además que El está a nuestro lado protegiéndonos. El camino del cristiano tiene que ser igual que el de Cristo. Es la hora de ser cristianos comprometidos. No nos escondamos cuando vemos que nuestro mundo necesita tanto la Buena Noticia de la salvación.

                                   La gracia que has recibido no es para ti, es para la construcción de la comunidad, para el bien de los hermanos. Primero hay que estar al lado del hermano que sufre, del hermano que pasa dificultades, del hermano solo y abandonado. Sólo así podremos estar cerca de Dios, ascender hasta El. ¿Somos conscientes de la misión que Jesús en su Ascensión te encomienda?

                                     El fuego que el Hijo de Dios trajo a la tierra, fue encendiendo e iluminando todas las páginas de la Historia a través de su Iglesia. Ahora ese fuego está en nuestras manos, y nos toca a nosotros reavivarlo y propagarlo por entre los hombres de nuestra época. Ojalá que seamos responsables de la misión que Jesús nos encomienda y consigamos que el fuego de la fe no se apague. Antes al contrario, convirtamos el mundo en una bendita hoguera que ilumine, alegre y mejore más y más la conducta de los hombres.

                                      Que así sea…

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