HOMILÍA PARA EL DOMINGO IV DEL T. ORD. B

HOMILÍA DEL DOMINGO IV DEL TIEMPO ORDINARIO. B

“Ser profetas de la Verdad en este tiempo de descrédito es una actividad de riesgo”

     En muchas ocasiones, cuando he podido meditar el evangelio, me ha llamado la atención la actitud, estilo y autoridad con que el Señor se  dirige con todos aquellos con los que se encuentra.

     Lo primero que la gente percibe al escuchar el Evangelio, es que Jesús enseña de forma diferente. Jesús enseña con una autoridad que libera, sana y salva. Los escribas de la época enseñaban citando autoridades. Jesús no cita ninguna autoridad, sino que habla a partir de su experiencia de Dios y de la vida. Su palabra tiene raíz en el corazón, en su propio corazón en su propia entrega. No habla de memoria de lo aprendido sino de lo que ha hecho anteriormente vida antes de expresarlo en palabras. Esa forma de predicar y dirigirse a quienes ama hasta someterse a la muerte, sí es capaz de trasformar desde el interior del corazón humano, las realidades que rodean y abarcan al hombre.

     También en muchas ocasiones he pedido, he rogado al Señor que me ayude primero a ser y vivir lo que posteriormente tendré que enseñar y predicar como sacerdote, en concreto que me preste un poco de esa autoridad para poder transmitir a los cristianos que Él ha querido poner en mis manos la Verdad del Evangelio, nunca tibia sino en continua ebullición.

     La autoridad a la que se refieren los evangelios no se refiere a la ejercida como poder y dominio que esclaviza y subordina al que la padece. Al contrario, se referían a una autoridad que liberaba y sanaba a los que se sentían esclavos y enfermos.

     Parece evidente que la Iglesia debe actuar siempre así. Es decir, que la Iglesia que predique misericordia debe ser misericordiosa; la Iglesia que predique justicia debe ser justa; la Iglesia que predique acogida y cercanía debe ser cercana y acogedora; la Iglesia que predique amor a todas las personas, incluidos los enemigos, debe amar a todas las personas, incluidos los enemigos; la Iglesia que predique humildad y servicio, especialmente a los más necesitados, debe ser humilde y servidora de los últimos; la Iglesia que dice ser discípula de Cristo debe vivir al estilo y según el espíritu de Cristo. Y como todos los cristianos somos Iglesia, todos los cristianos debemos actuar así.

Todos los cristianos somos miembros del cuerpo de Cristo, porque estamos unidos a nuestra cabeza, que es Cristo. Pues bien, yo creo que, si todos los cristianos actuáramos según el espíritu de Cristo, es seguro que serían muchas las personas que se preguntarían estupefactos: ¿Qué es esto? Este enseñar con autoridad es nuevo y se enamorarían del estilo cristiano y en definitiva del Señor Jesús.

     En la segunda lectura del apóstol San Pablo se nos presenta el tema del matrimonio y del celibato. Ni el matrimonio es una trampa, ni el celibato es una trampa. Lo importante es dedicar nuestro tiempo y nuestra vida al servicio del Señor, desde la vocación a la que el mismo Señor nos ha llamado. Lo que Pablo dice también nos sirve hoy a nosotros. Consagremos al Señor nuestro cuerpo y nuestra alma, dedicándole todas nuestras energías y todo nuestro amor. Fijémonos en otro aspecto a destacar.

     Puede que, en los tiempos que corremos, echemos en falta un cierto aire de profetismo, de renovación dentro de la misma Iglesia. Pero lo cierto es que, hoy como en tiempos de Jesús, ser profeta es ir contra corriente y se hace cada vez más difícil, al menos para mí, porque en este mundo de falsedad y apariencia, son muy pocos los que aceptan escuchar verdades que comprometen y te exigen un cambio radical en tu vida, una conversión profunda del corazón.*

- No resulta fácil anunciar y defender que la vida se inicia en el primer momento de la concepción dentro del seno de la mujer.

- No resulta fácil defender la vida, incluso cuando la vida ha dejado de servir a los demás. Cuando dejamos de ser productivos somos relegados a las residencias u hogares para enfermos, somos jubilados y apartados como si, el no ser productivo económicamente signifique estorbar en medio de este mundo. Para ello, estorbamos los enfermos, los ancianos, los niños con malformaciones o taras, lo que no son rubios, guapos, altos y fuertes y con los ojos azules como buscaban los nazis… Espero me comprendan…

- No resulta fácil diferenciar los planos de la ética a la carta, de la ética justa y moralmente buena para seguir creyendo en Dios, teniéndonos por buenos cristianos cuando creemos en una religión hecha a nuestra medida.  - No resulta fácil, en definitiva, ser valiente y decir lo que uno piensa sin riesgo de ser tachado de antiguo, carca o insociable, ultraderechista, discriminador o intolerante y sobretodo políticamente incorrecto… - No resulta fácil enfrentarse al mal, cuando hay muchos palmeros que hacen mucho más ruido y tienen más difusión para poder aplaudir e inyectar el veneno del mal ocultándolo bajo el velo de las grandes conquistas científicas de los nuevos tiempos y la modernidad.

- No resulta fácil, ni atrayente para un joven de hoy en día, dedicar una vida a trabajar por el Reino de Dios a sembrar la palabra por doquier sin esperar un gran sueldo al final de mes ni un elogio por la labor que desempeñas.

- No resulta fácil seguir confiando en personas que en apenas minutos y dando la vuelta a los argumentos anteriormente expresados, se dedican a criticar y a difundir con maledicencia proyectos y labores que se realizan con mucho esfuerzo y celo pastoral que no pretenden sino el beneficio de todos los valdepeñeros y valdepeñeras.

- No resulta fácil acostarte todos los días muy cansado de trabajar con la esperanza de acercar cada día más a todos y cada uno de vosotros al Señor, intentando que crezcáis en amistad y unión con Dios. Para conseguir que cada día sean más los que le sigan a Él, el único maestro; y no al sacerdote, que en pocas palabras no es más que un pobre hombre cuyo único poder, cuya única autoridad son los dones que Dios me ha regalado gratuitamente para entregároslos a los demás de la misma forma…

- No resulta fácil dejarte la salud y la vida por amor a Dios y a cada uno de vosotros sin esperar nada a cambio y que cada día amanezcas con una nueva invención sobre ti… * como la de que cobro por la guitarra y el coro rociero.

- No resulta fácil… Pero le sigo pidiendo fuerzas a Dios para no desfallecer ni rendirme y no me cansaré de rogar vuestro apoyo y cercanía para con los proyectos de la parroquia y de nuestra comunidad.

     Dios os necesita, vosotros necesitáis de Dios y por tanto todos necesitamos a los sacerdotes como mediadores entre Dios y los hombres. Somos pocos, cada día menos, mejor amarlos que maltratarlos, ¿verdad?. ¿No creéis valdepeñeros de buen corazón, que podríamos querer y conocer un poco más cómo es nuestra Iglesia por dentro, en lugar de juzgar, destruir y pisotear lo que se acaba de sembrar?. Es posible que cuando un día no muy lejano, no tengamos a un sacerdote en el pueblo nos lamentemos y echemos de menos a aquellos que han hecho y estamos haciendo más de lo que podemos sin esperar nada a cambio.

     Pues eso tenemos, queridos hermanos y con esto hay que seguir trabajando. Yo al menos, prefiero no quedar bien con todos nadando a dos aguas. Dios me siga prestando un poco de su autoridad y ayude a denunciar las mentira para que la Verdad vuelva a reinar en este mundo. Una verdad molesta en demasiadas ocasiones pero también una verdad liberadora que nos llevará a la Vida con Cristo.

     Sigo confiando en Dios que ve desde lo escondido, la realidad de los corazones y no las apariencias, mientras el Señor quiera seguiré sin desfallecer porque no sea yo sino Cristo el que hable a través mía como su profeta. Convenzámonos de que las medallas los halagos y palmaditas en la espalda de los hombres no nos van a llevar al Reino de los Cielos sino la entrega a Dios a través de los hermanos. Que María nos ayude a anunciar con la autoridad de Cristo, la gran Noticia del Evangelio y nos siga dando fuerzas, porque si de las humanas dependiéramos ya nos hubiéramos rendido. Que así sea…

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